La regla del 50+1
Cuando escuchamos hablar del fútbol alemán, los conceptos protagonistas suelen ser pasión, desenfreno, ritmo, leyendas, y, sobre todo, afición. Cada año tenemos nuevas pruebas que nos confirman la pasión que todos los aficionados derrochan en los encuentros de clubes alemanes: la muralla amarilla, el Bayern vendiendo todas sus entradas antes de empezar la liga, los seguidores del Eintracht Frankfurt apoderándose del Camp Nou, o la aterradora afición del St. Pauli son unos de los cientos de ejemplos que podríamos dar sobre por qué Alemania tiene las mejores hinchadas de las cinco grandes ligas. Pero un amor no merece la pena si este no es correspondido, y como no podría ser de otra forma, la DFB supo y sabe corresponder a este amor.
Hasta 1998, la inmensa mayoría de clubes alemanes pertenecían de forma exclusiva a las asociaciones de miembros, es decir, eran clubes sin ánimo de lucro. En este año, la Bundesliga decide favorecer la entrada de capital en la competición, por lo que flexibilizan esta postura a través de una norma de obligado cumplimiento: la norma del 50+1. Esta norma busca tanto la mejora de nivel de la liga con el permiso de entrada de mayores cantidades de dinero y, al mismo tiempo, beneficiar al aficionado, pues estipula que el 50% más 1 voto de todos los clubes deben pertenecer a la afición, evitando así la invasión de potentes inversiones extranjeras que monopolicen el control del conjunto. A esto se le suma una segunda cláusula mucho menos conocida: ningún equipo podrá llevar el nombre de un patrocinador en el propio nombre del club.
Pero, como en todo, existen excepciones, pues se estipuló que si se mantiene una relación de patrocinio continua entre club y empresa durante, al menos, veinte años, se podrá evitar el cumplimiento de dicha regla. Casos así son los del Bayer Leverkusen (formado por la conocida empresa farmacéutica Bayer) o el del VFL Wolfsburg (creado en una fábrica de Volkswagen, empresa que acumula el 100% de las acciones del club). Eso sí, ni en estas excepciones se suele dejar de lado a la afición, pues otro caso paradigmático es el de Martin Kind, quien lleva invirtiendo dinero en el Hannover desde 1997 y que en 2017 solicitó el control de la mayor parte del club, pero que acabaría siendo expulsado del mismo debido a las constantes críticas de los aficionados.
Aunque como sabemos, hecha la ley, hecha la trampa, y es que el Leipzig no es el equipo más polémico de Alemania por casualidad. La compañía de bebidas energéticas Red Bull aprovechó una especie de vacío legal que existía en la norma del 50+1, y es que Red Bull compró las acciones correspondientes y de acuerdo con dicha norma, pero las restantes fueron vendidas a colegas y trabajadores de la compañía que no firmaron bajo el nombre de la empresa, otorgando así, indirectamente, el control total del club a Red Bull, quienes bautizaron al club como Red Bull Leipzig pero que, debido a la normativa anteriormente mencionada cambiaron el nombre de forma muy inteligente a RB Leipzig(RasenBallsport Leipzig).
A pesar del inmenso calado de esta regla en Alemania, no son pocas las voces que se pronuncian en su contra, algunas, pertenecientes a los clubes más grandes del país, entres los cuáles no podía faltar el Bayern München. El nuevo miembro de la directiva bávara y leyenda del club, Oliver Kahn, ve con buenos ojos la supresión de una de las mayores señas de identidad del fútbol alemán bajo la premisa de que “mejoraría la competencia de la propia liga y así no los verían desde Inglaterra como una “liga de granjeros””. Quizás tenga razón, quizás la entrada de dinero aumente el nivel de los equipos más débiles y atraiga a jugadores de todo el mundo, o quizás conviertan a clubes legendarios como son el propio Bayern o su gran rival, el Borussia Dortmund en parte de la peligrosa moda de clubes estados que tanto despreciaba uno de los miembros más poderosos de la anterior directiva: Uli Hoeness. Lo más posible es que, debido a la importancia del fútbol en la sociedad alemana, esta norma aún tenga una larga vida por delante, pero la opinión de Kahn no es algo a pasar por alto, una opinión que, como aficionado del Bayern, me avergüenza; como aficionado del fútbol, me apena; pero también, como historiador, me despierta cierta curiosidad.
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