El bajista del Allianz Arena

El bajo es uno de los instrumentos más bellos de la música, y a su vez, uno de los más infravalorados, debido, sobre todo, a la predominancia de dos de sus grandes compañeros: la guitarra y la voz, que eclipsan el sonido e importancia de nuestro protagonista. Pero, lo que no muchos saben, es que es el bajo el que mantiene en pie la canción, el que, junto a la batería, marca los ritmos de la melodía, sosteniéndola por completo y permitiendo que el resto de instrumentos fluyan entre sí para conformar la más bella de las canciones. Son muchos los que se aventuraron a proporcionar listas de aquellos que mejor han manejado este instrumentos, incluyendo importantes nombres como Burton, Kilmister, Sting, Novoselic… pero todos se olvidan de cierta persona que, a pesar de no tocar el bajo, actuaba como bajista en su “grupo”, este es, nada más y nada menos que Philipp Lahm. Lahm nació el 11 de noviembre de 1983 en Múnich y, con el tiempo, se convertiría en uno de los mejores jugadores (y a la vez, uno de los más infravalorados) de la historia del fútbol. Debutó con el club de su vida, el Bayern München, a los 11 años, en sus categorías inferiores, mostrando un talento (y liderazgo) innato casi inalcanzable e incomparable, uno tan notable que ninguna lesión pudo frenar, tanto que en 2002, con tan sólo 19 años, debuta por primera vez en el equipo absoluto del Bayern, marcando el inicio de una carrera llena de éxitos en la que, al igual que un bajo, mantuvo la estructura del equipo y permitió su mejor funcionamiento bajo las sombras. 1. Las cuatro cuerdas del bajo 1.1. La lealtad. Philip Lahm es uno de esa especie rara de jugadores que llamamos One Club Man, es decir, que ha desempeñado toda su carrera en un mismo equipo. Desde los 11 años, Lahm sólo ha vestido tres camisetas diferentes: la de la selección nacional alemana, la del Bayern München, y la del VfB Stuttgart (cedido por el Bayern desde el 2003 hasta 2005), por lo que sólo ha formado parte oficial del gigante bávaro. No han sido pocos los clubes que han mostrado interés por el alemán, pues el Barcelona preguntó por él al Bayern en 2008 para buscar un jugador que reemplazase a Zambrotta, un equipo candidato para levantar la Champions League; el Manchester United o el Real Madrid también mostraron un fuerte interés por el lateral, y junto a ellos, el Tottenham Hotspurs. Pero de todas formas, tanto el Bayern como Lahm tenían claro que la carrera del jugador en el club no había terminado, y ahí se mantuvo hasta que finalmente colgó las botas el 20 de mayo de 2017, disputando su último partido contra el Freiburg y dispidiéndose del Allianz Arena, que tantas alegrías le había dado, junto a su por aquel entonces compañero Xabi Alonso, como las leyendas que fueron y son. 1.2. La polivalencia. Lahm es un jugador que destaca, entre otras cosas, por su polivalencia, característica ya perceptible en su etapa de formación, pues lo utilizaron en numerosas posiciones dentro del campo: como centrocampista, como extremo, como central… pero conforme su habilidad y control fue avanzando, se instaló en la defensa bávara para no moverse durante mucho tiempo, más concretamente en la banda derecha. Con su ascenso al equipo absoluto del Bayern, Lahm tuvo ciertos problemas a la hora de encontrar su sitio en el once inicial, pues el plan de Hitzfeld (entrenador del conjunto bávaro en aquel momento) era situarlo en la banda izquierda, aprovechando así su inmejorable pie derecho para adentrar el balón en el área rival. Pero el detalle que jugaba en contra de Lahm tenía nombre y apellido: Bixente Lizarazu, un ya experimentado jugador francés que se desempeñaba como lateral izquierdo en aquel Bayern, por lo que deciden buscar una salida para que el jugador se nutriese de experiencia en el fútbol profesional alemán, y su destino elegido fue el VfB Stuttgart, donde aprovecharon su polivalencia jugando en ambas bandas, alcanzando, en las dos temporadas que disputó el joven Philipp con el conjunto, el cuarto y quinto puesto de la Bundesliga. Tras el regreso a München, Lahm siguió alternando bandas en su club y selección nacional como si de un niño escogiendo caramelos se tratase, al menos hasta 2010, año en el que un jovencísimo David Alaba asciende al equipo absoluto del Bayern, apoderándose así de la banda izquierda y centrando a Philipp Lahm en la derecha, formando una de las mejores duplas de laterales que se ha visto en toda la Historia del fútbol y una combinación letal con el holandés Arjen Robben por la banda diestra, mezclando a un extremo explosivo con una capacidad de gol aniquiladora con una diestra capaz de abrir juego dentro de la defensa más cerrada. Pero, cuando pensábamos que ya habíamos visto todo de Lahm, aparece, por Sabener Strasse, un entrenador catalán que venía de unas vacaciones en Nueva York tras hacer Historia en el fútbol español, ese era Pep Guardiola. Pep es un hombre de experimentos, le gustan los jugadores polivalentes, aquellos que se pueden desempeñar en más de una posición, por eso era tan aficionado de Javi Martínez (jugaba tanto de centrocampista como de central), o de Ribery (con él, Pep Guardiola regresó a su querida figura del falso 9)… pero al ver las infinitas capacidades de Lahm, se quedó asombrado y, junto a su equipo, en un momento en el que el Bayern había sido invadido por lesiones de última hora, decidió situar a Philipp como pivote descubriéndonos así su mejor versión, una versión que convirtió al Bayern de Guardiola en uno de los equipos más temibles del fútbol mundial gracias a su presencia defensiva y a su visión y reparto de juego. En este sentido, echo mano a una de mis conclusiones más recurrentes que explican la importancia de Lahm como pivote en este Bayern, y es que el alemán convirtió a Rafinha en el jugador más importante del conjunto (pues si este se lesionaba, Guardiola se vería obligado a retrasar a Lahm a la posición de lateral derecho). Con su último entrenador, Ancelotti, Lahm retornó a la banda derecha, cediendo su posición en el medio del campo a la dupla Vidal y Xabi Alonso, siendo, los tres, figuras muy importantes en esta última etapa. 1.3. La eficacia. No sólo la versatilidad convierte al ex capitán del Bayern München y Die Mannschaft en uno de los mejores jugadores en su(s) posición(es), sino su eficacia en todas sus facetas, y eso vamos a analizar en las próximas líneas. En primer lugar, su faceta defensiva. A pesar de que su versión más reconocida sea la de repartidor de juego, Philipp Lahm era un excelente defensor. Su visión le permitía anticiparse a jugadas rivales e interceptarlas de la forma más limpia posible, y no uso este calificativo sin razón, pues es uno de los pocos jugadores ya retirados que nunca ha visto una tarjeta roja en la totalidad de su carrera. Acumuló un total de 20 amarillas, y nunca más de tres en la misma temporada, cometiendo, de media, una falta cada 168 minutos. Desde 2009 promedió un total de 1´8 intercepciones por partido y el mismo número de entradas. En cuanto a su participación ofensiva, tampoco se queda atrás: anotó 22 goles en competiciones oficiales y 80 asistencias en toda su carrera. Desde 2009 registró un promedio de 1´4 pases clave por partido y provocó 0´7 faltas a favor, dejando clara así su importancia a nivel ofensivo. En general, y como podemos apreciar, Lahm ha sido una importante figura en el juego del Bayern München, ha sido titular en el 95% de partidos del cuadro muniqués y ha ganado un 67% de estos, cifras sorprendentes para un club que se enfrenta a los mejores del mundo cada temporada. 1.4. Palmarés. Tras más de 500 partidos como profesional, Philipp Lahm ha reunido un palmarés que provoca envidia a la mayoría de los jugadores actuales, y no es raro, como uno de los mejores en pisar un terreno de juego, debe tener una colección apropiada. Ostenta un total de 8 Bundesligas (2006, 08, 10, 13, 14, 15, 16, 17); 6 DFB Pokal (06, 08, 10, 13, 14, 16); 3 supercopas de Alemania (10, 12, 16); un Mundial de clubes (2014); una Champions League (2013); una Supercopa de la UEFA (2013); y una Copa de la Liga (2007). Además, consiguió levantar la Copa del Mundo en 2014. Ha pasado a la Historia también por su increíble habilidad para hacerse un hueco en la sala de récords especiales del fútbol: a día de hoy es el tercer jugador del Bayern con más partidos de Champions League (105 con el Bayern y 7 con el Stuttgart); a día de su retirada, se situó como el jugador alemán con más Bundesligas en su haber (junto a Kahn, Schweinsteiger y Scholl), mantuvo el quinto puesto de jugadores con más partidos disputados con la selección teutona, se retiró como el tercer jugador con más victorias en la Historia de la Bundesliga (sólo por detrás de Kaltz y Kahn)… Además, en 2010 se convirtió en el jugador más joven en capitanear a la selección alemana en una Copa del Mundo (un año después se convertiría en capitán del Bayern hasta su retirada en 2017). 2. El bajista moderno: Joshua Kimmich Al contrario de lo que se podría pensar hace 10 años, encontrar al sustituto de Philipp Lahm no fue para nada complicado. Pep Guardiola echó la mirada hacia el Este de Alemania y encontró a un jugador con unas cualidades excepcionales que hacían recordar a Philipp Lahm, por lo que en 2015, el club muniqués consiguió hacerse con sus servicios, dando inicio así a otra etapa histórica de una ya leyenda del club. Estoy hablando, como todos os podéis imaginar, de Joshua Kimmich. Kimmich es un jugador con un gran parecido a Philipp Lahm, en todos los sentidos. Ambos pasaron parte de su juventud en el Stuttgart (Lahm como profesional y Kimmich como jugador en formación) y ambos tuvieron que buscarse otro equipo en el que jugar minutos y recolectar experiencia. Los dos alemanes tenían el mismo problema: su físico. Eran jugadores bajos y lentos, algo que echa para atrás en un fútbol tan físico como es el alemán, pero el RB Leipzig decidió ficharlo en 2013 para ayudar a ascender a la segunda categoría de la Bundesliga. Dos años después, consigue vestir la camiseta del gigante bávaro. Desde aquel momento, convivió con Lahm en el campo, jugando tanto de lateral derecho como de centrocampista, una prueba de su innegable polivalencia (se ha desempeñado en todas las posiciones de campo excepto en la de delantero centro y derivados), aprendiendo de incontables maneras de su predecesor y maestro. Tras su retirada en 2017, Kimmich ocupa el lateral derecho, pasándose progresivamente al medio del campo, trayectoria que también siguió en la selección nacional (la cual capitaneó por primera vez en 2019). El propio Kimmich aseguró que jugaría en la posición que el equipo necesitase, pero que no hay ningún lugar en el que se sienta más cómodo que en el centro del campo. 2.1. Bajista clásico vs. Bajista moderno. Pero entonces, ¿ha superado Kimmich a Lahm? La respuesta corta es no, al menos todavía. Ambos son futbolistas que ya han pasado a la Historia del club muniqués, pero, resulta un tanto injusto comparar a un jugador que ni siquiera ha llegado a jugar 300 partidos como profesional con uno que ha sobrepasado los 500. A pesar de eso, existen ciertas diferencias que nos permiten inclinar la balanza a favor de uno o de otro. En primer lugar, cada uno tiene algo que el otro codicia: Lahm ha ganado un Mundial y Joshua Kimmich un sextete (aunque Kimmich esté mucho más cerca de lograr el campeonato del mundo con la selección). Otra diferencia es su mentalidad, y no es esto algo por lo que desprestigiar a alguien, pero la mentalidad del joven centrocampista alemán es un aliento de aire fresco para el juego del equipo, muy acorde al Mia San Mia que define al Bayern y que derrocha una competitividad y liderazgo casi incomparable a la de muchos jugadores del Bayern. Por otro lado, Kimmich presenta una debilidad clara en comparación a Philipp, y esta es su labor defensiva. Es probable que, dedicar la mayor parte de la carrera a una posición defensiva haya concienciado más a Lahm sobre estas labores, al contrario de Kimmich, que se desempeñó, sobre todo, en el centro del campo, ya sea como carrilero o como centrocampista. Pero no me malinterpretéis, Kimmich tiene unas grandes dotes defensivas, pero no las apropiadas para un pivote, porque, a pesar de estar cansado de repetirlo en cuantiosas ocasiones, no hace daño mencionarlo una vez más: Kimmich no es un pivote, o al menos, no es un jugador para situar como pivote único. Kimmich es un jugador perfecto para situar en un doble pivote con un mediocentro defensivo puro, para darle así más libertad al alemán en la tarea que más le gusta: la creación de juego, y es que no podemos negar que aquí está muy parejo con (e incluso me atrevería a decir que ha superado a) Lahm, pues su participación ofensiva es la propia de una bestia indomable, con casi 40 goles y casi 90 asistencias (únicamente contando los datos del Bayern), Kimmich se ha posicionado como uno de los mejores centrocampistas del mundo. Aunque, conforme escribo estas conclusiones, se me ocurre quizás estamos culpando a Kimmich de algo de lo que él no es responsable: si Kimmich estuviese bien acompañado en el medio del campo y no con otro jugador tan ofensivo como es Goretzka, quizás pudiésemos apreciar de una forma mucho más clara sus acciones como mediocampista, pero, mientras esto no ocurra, debe centrarse en mejorar sus (ya buenas) actuaciones defensivas y reducir las creaciones de huecos que libera en las transiciones del conjunto.

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